
Eran las 2 a.m cuando se le empezaron a cerrar los ojos mientras veía un late show en el cómodo y gran sofá del salón. Estaba cansado, había tenido un largo día de trabajo. Bostezó, estiró los brazos y se levantó. Se dirigió a la cocina, bebió un sorbito de leche directamente del brick y se dirigió hacia su habitación. Serena se había olvidado de apagar la luz, como tantas otras noches, y yacía dormida, plácida con una media sonrisa dibujada en su rostro. Él se colocó cerca de ella en la cama, sentado. La miró, como si de un bebé se tratara, no apartaba su vista de ella. Mientras la contemplaba pensaba en lo frágil y delicada que parecía, no podía evitar la necesidad de protegerla en cualquier momento, era su niña. A el le parecía tan pequeña, tan risueña...Aún recuerda aquella época, cuando se conocieron, en la que eran más móviles que el viento, nada les ataba, hacían un poco lo que querían, hasta que les tocó hacerse mayores y se vieron immersos en el mundo laboral. Ahora para poder vivir uno tenía que luchar un poco, a veces mucho, pero ahí estaban; sacándole la lengua a los problemas, juntos. Hasta aquí habian llegado, porque era cierto que formaban un gran equipo. Cuando pensó eso, se sintió muy orgulloso de tenerla en su vida, y todavía , como cada noche, no podía creer que estaba con la mujer más bonita ( tanto por dentro como por fuera) que jamás había conocido. La besó en la mejilla, apagó la luz, suspiró y en cuestión de segundos sólo se oía un 'tic-tac' a lo lejos, en alguna parte de la casa.

