
Ella apareció en mi vida de una manera aparentemente normal, casualidades y azar, digo aparentemente porque dentro de mi se que todo estaba planeado des de el principio. Han pasado muchos años y podría decir que se trata de mi amiga, pero más que amiga, la considero hermana por una lista larguísima de cosas. Hemos compartido muchas horas de nuestra vida en las que hemos reído y hemos llorado juntas, hemos imaginado y soñado juntas, nos hemos sorprendido, nos hemos peleado, reconciliado. Nos hemos contado los sueños más raros y nuestros secretos más íntimos. Hemos pasado por experiencias surrealistas y otras loquísimas. Personalmente creo que viví la adolescencia más loca y divertida gracias a ella, y nuestros mejores años de juventud siendo chicas sin estar atadas a ningun príncipe azul, disfrutando de la vida, de la gente y de las oportunidades a nuestro alrededor. Han sido muchos años y me siento orgullosa de tenerla en mi vida, es un rayo de sol en forma de persona. Con ella he aprendido a vivir, a crecer y a seguir luchando y amando. Con ella he podido ver algunos de nuestros sueños cumplidos, lo bueno es que seguimos soñando juntas. Los años no lo cambian. La situación no es la misma, y a pesar de lo que ha ocurrido en los últimos años, me encanta saber que está siempre, cuando la necesito y cuando no, cuando sea, y dónde sea. Voy a echarla de menos...si, pero ahora se que está a mi lado, como nunca antes. No tiene precio. Pronto empieza una nueva etapa, y sabemos que aún, lo mejor está por venir.
No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga el Señor, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos