Éste es un pensamiento que rescaté de mis recuerdos de los últimos meses, simplemente compartir algo que ocurrió un sábado por la tarde, algo que me hizo pensar. Esa tarde salió el equipo de EsTiempo en acción a repartir zumos y bocadillos por la calle y descubrimos una nueva zona llena de gente a la que bendecir con comida. Hasta aquí todo sucedía como de ‘‘costumbre’’, (realmente nunca pasa lo mismo, ni es costumbre, pero lo que sí es costumbre es el no pegarnos sustos) hasta que uno de los chicos en necesidad se tiró al suelo para besar los pies de una de las chicas, hecho que nos sorprendió a todos, nunca nos había pasado algo así. De inmediato ella se apartó y el chico buscó otros pies que besar, ese día todo el grupo éramos chicas menos dos chicos, así que asustadas por la reacción de aquél hombre nos protegimos detrás de los dos chicos. ‘’Fue un susto’’, pensé y no le di más importancia hasta que llegué a casa a la noche.
Me vinieron a la mente las siguientes palabras : ‘’Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!’’ (Romanos 10:15)
Es cierto que no sabemos el motivo que le movió a aquél hombre a besar los pies, pero ahora cuando lo pienso, aunque en el momento me asusté, hubiera sido una ilustración muy clara de éstas palabras. ¿Porque besamos algo o a alguien? en nuestra cultura generalmente besamos porque ese algo o esa persona nos parece bonita aparentemente o preciosa de corazón, también besamos para felicitar o como forma de dar las gracias. Ahí lo dejo.
El cuadro es éste: un sábado como cualquier otro se encuentran un grupo de jóvenes para salir por las calles y con lo que tienen, hacer justicia bendiciendo con alimentos, zumo, tiempo, sonrisas, palabras o ropa a aquellos que lo necesitan, ellos no tienen por qué, pero lo que hay en su corazón no les deja otra opción que actuar en vez de quedarse mirando qué mal repartido está todo ...cuánta injusticia en el mundo.
Es cierto que podemos orar por ellos y podemos cantar en la iglesia sobre los que están en necesidad, podemos orar para que Dios nos use, pero si no salimos fuera de las cuatro paredes, si no actuamos, de nada sirven nuestras palabras y nuestras canciones. Nuestra adoración no es sólo música ni oraciones, nuestra adoración es obediencia y nuestras acciones en el día a día.
Los pequeños actos son los que marcan la diferencia, pequeños o grandes actos que hablan de un corazón precioso movido por el corazón de un Dios que ama, pequeños actos que hablan de unos pies que andan en y hacia la justicia, que anuncian esperanza, paz y amor.
Cuando fríamente analicé la situación, me pude dar cuenta de que la intención del hombre fue de dar las gracias, pude ver a esa chica preciosa, con un corazón lleno de compasión y amor, un corazón que hacia que todo lo que ella era fuera precioso.
Seguro que si seguís saliendo fuera de las iglesias locales a llevar el Evangelio en Palabra y en obras, vaís a vivir muchas experiencias para vuestra reflexión y crecimientos espiritual ¡Qué el Señor os bendiga!
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